
Hay que tener pantalones-bien largos-para ofrendar la vida, por otros compatriotas victimas de la cruenta represión del Castrismo.
El opositor pacífico cubano Guillermo Fariña, ha rechazado todos los pedidos de abandonar su prolongada huelga de hambre y sed, como un compromiso de protestar contra la permanencia de presos políticos-en grave estado de salud-en los centros penitenciarios de máximo rigor en Cuba.
Pocas veces las paginas de la historia de una nación, tienen el privilegio de ser honrradas con acciones de esa naturaleza.
Los setenta y cinco periodistas, disidentes y opositores-encarcelados durante la primavera negra-solo cometieron como crimen: no creer en las doctrinas del Castrismo, denunciar sus arbitrariedades, y reseñar la crónica constante de la miseria, la falta de libertad que sufre el pueblo cubano.
Las pruebas fabricadas no caben en las cortes de las naciones libres.
Portaban los “mercenarios del imperio” como los califica el régimen: lápices, bolígrafos, grabadoras, cámaras fotográficas.
Armas letales para derrocar a una tiranía que gasta una cantidad significativamente grande de su Producto Interno Bruto en un ejercito desproporcionado-según su población, una policía política siniestra y un gobierno de generales octogenarios que viven y padecen el síndrome del atrincheramiento.
Pero ante esa maquinaria de opresión, desinformación y control totalitario se ha puesto de pie y en huelga de sed y hambre un hombre que nos recuerda a Gandhi, cuando enfrentaba pacíficamente, hasta derrotar al todo poderoso imperio británico.
Quiera Dios que el consejo de ancianos generales-libadores de Vodka- y seguidores y cómplices de Fidel y Raúl Castro, liberen a sus victimas y salven la vida de Guillermo Farinas. Porque hay muertos que entierran a sus asesinos.
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